EL MIEDO A LA SINCERIDAD

   Cuantos de nosotros si nos preguntasen sobre aquello que consideramos importante en nuestras relaciones personales contestariamos que nos gusta que nos sean sinceros y que no soportamos la mentira, ¿verdad? Pero es curioso como la realidad se aleja bastante de este ideal, ¿qué es lo que nos pasa? ¿qué nos impide en muchas ocasiones hacer las cosas bien? ¿qué mecanismos se encuentran detras de todo esto?

   Empezaría por aclarar el título que he elegido para este post porque tiene un matiz de bastante relevancia, hablo del miedo a ser sinceros, a ser claros con la gente que nos rodea, a expresar aquello que pensamos y sentimos…no hablo de mentir. A simple vista puede parecer lo mismo solo que dicho con diferentes palabras, pero yo hago una clara distinción y ésta la encontramos en que se esconde en la base de nuestro comportamiento, es decir, aquello que nos empuja a hacerlo.

   Sin duda la mentira entraña cierta intencionalidad, somos más conscientes de lo que hacemos y del daño o consecuencias que ello traerá, pareciese como si nuestro poder de decisión fuese absoluto… por el contrario pienso que el fenómeno de la “no” sinceridad viene determinado por muchos otros patrones psicológicos, sociales y emocionales que pueden escapar de nuestro control y que pueden ser una clara manifestacion de miedos, carencias e inmadurez.

   ¿Que factores influyen entonces? Veamos…

   El miedo: ser sinceros no es hacer daño a los demás,como piensa mucha gente, ya que siempre podremos decidir de que manera hacemos las cosas, puede que lo que digamos no guste, puede que sea algo doloroso para el otro, puede que sea dificil, y es cierto que eso no lo podemos evitar, pero si cuidamos nuestro lenguaje, empatizamos, y lo manejamos desde el respeto, estaremos haciendo las cosas más fáciles. Jugamos a adivinar lo que el otro necesita, como se va a sentir o lo que es justo y apropiado para el, y olvidamos lo mas importante,nuestro derecho a que nos sean sinceros.

 

    Falta de habilidades: las relaciones personales son complejas desde el mismo instante que cada uno de nosotros tenemos nuestro propio equipaje de vida, porque somos, pensamos e interpretamos de maneras diferentes, y buscar el equilibrio es una tarea cuanto menos ardua. Por lo tanto llegar a un punto en el que la madurez sea la gran protagonista en nuestras interacciones requiere de un entrenamiento previo. Sí, así es, debemos haber hecho un buen trabajo personal en el que hayamos dado prioridad a cultivar algo tan importante como nuestras habilidades de comunicación, de toma de decisiones, afrontamiento de situaciones de dificultad, expresión emocional, habilidades sociales, etc… puede sonar a utopía, o incluso a una clase de Inteligencia Emocional, pero es la realidad, y hasta que no asumamos que todas estas competencias son vitales, nuestras relaciones personales seguirán teñidas de déficits y carencias que nos harán la vida más compleja e insatisfactoria.

 

    Costumbre por lo habitual: que algo suceda con frecuencia y sea lo que la mayoría de la gente hace no significa que sea lo correcto. Parecemos habituados a que a nuestro alrededor la gente no tenga iniciativa, no sea clara, segura, etc… porque sólo una minoría es así, lo que hace que nos sintamos más cómodos cuando las situaciones están acompañadas de más sombras, hemos aprendido a encontrarnos más seguros en ese escenario de menor carga emocional, de libres interpretaciones sobre el otro, de claros mecanismos de huida e “ignorancia”, porque claramente estos ingredientes nos hacen sufrir menos. Por lo tanto cuando nos vemos ante algo diferente a todo esto, nos asustamos, desconfiamos y nos asalta la inseguridad y la falta de control, y queremos volver a la tan conocida zona de confort. 

 

    El comportamiento humano por suerte se encuentra en constante cambio, y tenemos mucho poder al respecto, somos los indiscutibles protagonistas de nuestro propio crecimiento. Todo aprendizaje comienza con la suma de dos variables básicas: la información y la motivación. Este post ha querido centrarse en la primera de ellas, si somos conscientes de todo aquello que puede estar saboteándonos y por lo tanto nos impide en muchas ocasiones hacer las cosas de una manera más adecuada es más fácil iniciar los cambios…solo nos faltaría querer hacerlo, que me dices…¿te apetece?

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